martes, 2 de febrero de 2010

HACIENDO ESCOBAS




Hay objetos que simplemente no se resignan a desaparecer, entonces no podemos negar el poder mágico de los envases de leche y yogurt, de las bolsas de red multicolores o esas bolsas orejonas de color azul, naranja... y aquellas transparencias fruncidas que habitan los campos y los océanos, montañas formadas con botellas y garrafones de agua, refrescos, productos de limpieza... juguetes mutilados estrictamente surrealistas, sillas y mesas de jardín que descansan en los vertederos, tuppers y marcas libres de todos los tamaños, con tapas o sin tapas o sin tuppers, bandejas, palanganas , recogedores ... todos ellos cayendo del cielo, empujados por manos invisibles hasta integrarse naturalmente a nuestros paisajes.

Sin hechizos ni conjuros, es posible que recorran el camino hacia atrás, que lleguen a nuestra fábrica para transformarlos una y otra vez hasta quedar convertidos en coloridas escobas y puedan así los plásticos, confirmar su fraternidad con la vida.

Algunos de los plásticos que arrancamos del paisaje urbano para convertirlos en escobas

 Iliana Hernández A.
Febrero 1, 2010